Querida Anna,
Comenzaré así esta primera carta,
con esa preciosa palabra “querida”. Tú fuiste, eres y serás muy querida por mí
y mi familia. Hace un mes te enfrenté a tu realidad, y sin saberlo, enfrenté la mía. Vaya batacazo me tocó vivir aquel 03.08.2012. Han
pasado 30 días muy duros. Con sus momentos buenos y malos. Estoy en vía de
recuperación. Lo sé, hay una fuerza que me empuja, que quiere salir.
Fíjate Anna, decidí utilizar la
metáfora del cuento que me contaron en Asturias con nuestra historia del
Drac y La Princesa. Sí, fue preciosa, no
hay duda de ello, pero como todo cuento llegó el final. Hoy me gustaría que
empezara la historia de Anna y María
Jesús. Dos mujeres maravillosas que han compartido todo lo que se puede compartir
y, que estoy segura, les queda mucho por compartir.
Yo, estoy bien. Construyendo
nuevas rutinas, me da una pereza, ya sabes lo difícil que eso es para mí. En
ese proceso se me ha ocurrido esta idea
de las cartas. Creo que es un formato estupendo para estar en contacto y
establecer una normalidad en nuestra nueva forma de relación. Dime qué te
parece? aquí la de letras eres tú.
Lo que más me cuesta es dormir. El voltearme en la cama y ver que
no estas. Aquel gesto que hacía de moverte para ver si respirabas. Te acuerdas
los sustos que me dabas? tenías que dormir con la boca abierta para poder
respirar y yo me preocupaba. Los juegos antes de quedar rendidas. Las cosquillas,
sí, sí, las que siempre te decía: son sicológicas, cariño, sicológicas. Cuanto vivido. Cuanto amor.
Qué tal tú mamá? Hermanos&
familias? paciencia, niña, mucha paciencia, con ellos. Y tú? cómo estás, tú? Estas más tranquila, cómo llevas la vida nueva? seguro que llena de amor, porque si algo sabes dar, eso es amor.
Espero que avances con paso firme
y de vencedora. El éxito, lo sabes bien, es de los valientes y tú lo eres, que
lo sé yo.
Te abrazo,
María Jesús